Manifiesto NPC
No somos personajes secundarios de nuestra propia cultura
Nos dijeron que era un pasatiempo. Que no era arte. Que no era cultura. Que era cosa de niños o de gente rara. Y durante décadas, lo creímos a medias.
Pero nosotros sabemos lo que fue. Sabemos que hubo tardes enteras que nos enseñaron a resolver problemas, a perder, a insistir. Sabemos que hubo historias que nos hicieron llorar y otras que nos enseñaron a mirar el mundo de otra manera. Sabemos que hubo comunidades que se formaron alrededor de un juego y que se convirtieron en refugio, en amistad, en lengua común. Eso no es un producto. Eso es cultura.
Y ahora nos dicen que esa cultura tiene fecha de caducidad. Que el juego que compramos no era nuestro. Que la tienda puede cerrar, el servidor puede apagarse, y lo que amamos puede desaparecer con un aviso en pantalla: «este contenido ya no está disponible».
Durante años hemos sido los NPC de esta historia: personajes secundarios que reciben órdenes, que aceptan misiones, que no preguntan. Se acabó. Este manifiesto es nuestra línea de diálogo. Y dice lo siguiente:
1. El videojuego es arte, y el arte no se borra
Un juego es una obra creativa: hay música, hay narrativa, hay diseño, hay interpretación, hay emoción. Ha sido reconocido como patrimonio cultural inmaterial y como industria cultural en España y en Europa. No se puede tratar como un producto desechable lo que ya se reconoce como una obra de arte. Si una novela no se borra, un juego tampoco.
2. El videojuego es identidad de grupo
Hay generaciones que se reconocen en un cartucho, en una consola, en un código de trampas que se pasaba de boca en boca. Hay comunidades que se formaron en un foro, en una partida online, en una tienda de barrio. El videojuego es una de las formas más potentes de identidad cultural de nuestro tiempo, y borrarlo es borrar también esas comunidades y esa memoria compartida. No somos NPC: somos el pueblo de este mundo.
3. La cultura no se alquila
Comprar una novela es comprarla; comprar un disco es comprarlo; comprar una entrada de cine es entrar. Comprar un juego debería ser comprarlo. Sin embargo, nos venden licencias revocables que desaparecen cuando a una plataforma le conviene. Eso no es comprar: es alquilar con la ilusión de poseer. Y ninguna cultura seria se construye sobre alquileres temporales.
4. El soporte físico es patrimonio
Un cartucho, un disco, una caja con su manual: son objetos culturales. Son la prueba material de que una obra existió. Una caja vacía con un código de descarga no es un soporte: es un símbolo de que la obra ya no está. Exigimos que el soporte físico contenga el juego y funcione sin conexión, porque el patrimonio no puede depender de un servidor que alguien puede apagar.
5. Los creadores merecen que su obra perdure
Hay estudios que cerraron y se llevaron consigo juegos que nadie volverá a jugar. Hay desarrolladores que ven cómo su obra desaparece de la tienda sin aviso, sin derecho a réplica, sin posibilidad de legarla. Un creador no debería tener que pedir permiso para que su obra siga viva. La preservación del catálogo es también la protección del trabajo creativo.
6. Un futuro que no borre el pasado
La tecnología existe. Hay soportes de solo lectura, hay estándares abiertos, hay formas de garantizar que un juego siga siendo jugable dentro de cincuenta años. Lo que falta no es técnica: es voluntad. Instamos a la industria, a las instituciones culturales y a los gobiernos a construir ese futuro, y a no elegir el camino fácil de la desaparición silenciosa.
7. La ley debe proteger la cultura, no solo el comercio
Pedimos a las instituciones españolas y europeas que reconozcan el videojuego como patrimonio cultural y que protejan al jugador como se protege a un lector, a un cinéfilo o a un melómano: con derechos reales sobre su biblioteca, con garantías de acceso, con preservación del patrimonio lúdico. Si compras algo, deberías poseerlo. Esa frase no es una utopía: es el mínimo que exigimos para una cultura que ya es parte de nuestra identidad.
8. Esto no termina aquí
Este manifiesto no es un lamento. Es un comienzo. Invitamos a asociaciones, a estudios, a universidades, a museos, a medios y a representantes políticos a sumarse. Invitamos a cualquiera que alguna vez haya sentido que un juego era suyo a firmar. Porque el primer paso para salvar lo que amamos es decir, en voz alta, que nos importa. Y porque nos negamos a ser, una vez más, el NPC de guardia que nadie escucha.